domingo, 1 de marzo de 2009

Carlos Páez Vilaró : Casapueblo, arquitectura que camina


(Nota publicada en BAMAG en 1999)
El artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró con sus propias manos esta versión pequeña de su Casapueblo puntaesteño en sus doce años de residencia en la Argentina.
En forma exclusiva para BAMAG, su creador nos cuenta su historia y la de esta casa , que es una de las más originales del mundo .

Por Ana von Rebeur


LA CASA

Carlos Páez Vilaró es un hombre difícil de etiquetar . Sin ser arquitecto, pasó gran parte de su vida dedicándose a proyectos arquitectónicos insólitos. Siendo compositor musical, pintó murales por todo el mundo. Siendo pintor, escribió libros. Siendo un viajero infatigable, terminó siendo empresario de su propio hotel-bar-museo.
Su vida y obra estuvieron signadas por dos desgracias tremendas , ambas con finales felices. Su nombre recorrió el mundo entero con la tragedia del 13 de octubre de 1972, cuando el vuelo de los rugbiers uruguayos en el que viajaba su hijo se estrelló en la Cordillera de los Andes . El fue el único que luchó porque la búsqueda del avión continuara cuando todos creían que era imposible que hubiera sobrevivientes 72 días después de la tragedia. Más de 20 años después , casado en terceras nupcias, perdió a otro hijo en los vericuetos de la justicia, cuando el ex marido de su esposa Annette anotó como propio al hijo que Páez Vilaró tuvo con ella. El artista tuvo que instalarse en la Argentina para luchar de cerca y con paternal ahínco para que se hicieran las pruebas genéticas que demostraran que Sebastián era hijo suyo. Recién después de que el caso pasara por cinco jueces distintos, la Corte se expidió finalmente – hace sólo un mes - con la sentencia de que, finalmente, Sebastián puede usar el apellido de su padre, el infatigable Páez Vilaró.
Viendo que había que seguir de cerca un caso tan delicado, Carlos renunció a vivir en su amada Punta del Este y compró este predio selvático del Tigre , a metros de la estación terminal del ramal ferroviario Mitre.
Esta casa blanca de paredes torneadas lindera con la casona colonial inglesa original , rodea un cuidado parque con una piscina enorme entre árboles añosos. Recuerdan a Casapuenlo sus puertas con arcos de medio punto, sus paredes bolseadas y curvadas como un cuerpo femenino y sus inmensas cúpulas llenas de cuernitos blancos que señalan el cielo, como ciertas casonas en Timbuktú , Africa .
La vivienda se compone de una sucesión de cocinas , livings y habitaciones que sólo se explican conociendo la búsqueda permanente de su autor, el aventurero que no conoce el descanso. Paéz Vilaró levantó esta casa con sus propias manos, con la ayuda de su amigo, el arquitecto Gustavo Porta, según las necesidades del momento .
“ A medida que fui necesitando los ambientes, fui ampliando la casa “ – dice Carlos – “Como siempre fui buscando tener mi propio atelier en un lugar tranquilo, a medida de que los chicos lo invadían , tuve que construirlo en alguna otra parte de la casa .” Así como en la misma situación otras personas prefieren mudarse , Páez Vilaró buscó su intimidada creativa avanzando sobre este maravilloso jardín de tres mil metros cuadrados con algo así como una “ casa que camina” y se se estira todo lo necesario. En ella la construcción se adaptó a los elementos que la integraron, creando situaciones insólitas pero atinadas, donde el revoque blanco sobre ladrillos se mezcla con la calidez de la madera, con la caña empotrada, con la delicadeza de los azulejos antiguos, o con el dorado de bronces bruñidos.
No hay casi muebles en ella : los sillones y las camas están hechos con material .La mesa ratona del living es medio carretel de madera de los que se usaba Entel para enrrollar cable telefónico. El hogar está hecho con durmientes ferroviarios , y decorado con un enorme mural de bronce repujado con motivos marinos hecho por el dueño de casa. El bar tiene una curiosa reja que es el paragolpes de una vieja locomotora . La pared se comba acompañando la curva de su perfil, lo que demuestra que la casa se acomodó al detalle, y no a la inversa, como se acostumbra.. Viejas ruedas de norias de madera forman el techo en bobedilla del pasillo que comunica ambos livings, y enormes postes de quebracho ofician de columnas frente a una galería sombreada con un techo de tacuaras por el que asoman las campanillas de una enredadera. La escalera que va al primer piso es el antiguo púlpito de una iglesia. Tampoco hay estantes : los nichos en la pared guardan libros y los elementos decorativos. No hay lámparas, sino huecos en los muros que guardan las bombitas de luz dando una iluminación estratégica.
Páez Vilaró llenó los rincones con adornos étnicos que trajo de sus innnumerables viajes por el mundo. Muchos están pegados a la pared con material, para que queden para siempre en el sitio elegido. Hay rejas empotradas a los lados del hogar, que encierran adornos exóticos como antiguos inciensarios de bronce. En la cocina , la nota original la da una vieja caramelera de panadería antigua , que ocupa un hueco hecho exclusivamente para ella. La vajilla es creación exclusiva del artista: porcelana Tsuji con el emblemático sol y las sirenas de Páez Vilaró.
La mágica luz de la casa proviene de las cúpulas hechas en la terraza con metal desplegado relleno con hormigón , entre los que se mecharon trozos de vidrios de colores que según pasan las horas tiñen las paredes blancas con distintos efectos de luces como un vitral simple y casero. Pasillos y paredes se doblan sobre sí mismos recordando la arquitectura de Gaudí . Las puertas de alacenas, del bar y los paneles divisorios de ambientes se han resuelto con postigos de madera calada como las que sólo se ven en los confesionarios, los balcones limeños y las ventanas marroquíes o de las mezquitas árabes. Tigres, búhos, leones y caballos de madera le dan el aire africano con el que siempre soñó Carlos Páez Vilaró. La casa es un remanso de frescura en verano sin que haya un ventilador a la vista, y la calefacción proviene de hogares a leña y antiquísimas salamandras . El máximo lujo es el inmenso jacuzzi aledaño a la habitación central de la planta alta. Otra planta más arriba lleva a un atelier privado que se inserta como la proa de un buque en el verde del parque . A un lado de la casa hay otro ambiente gigante: un loft de vidrio y luz, con otra habitación aparte con una cama hecha con tacuaras , y una bañera junto a un enorme ventanal con vista a un cañaveral centenario que brinda la experiencia de bañarse en la selva. Este sector, al contrario del resto, no es blanco sino color ocre .
Para aprovechar al máximo el jardín circundante , hay dos mesas de material en el patio externo . Una, bajo una pérgola de tacuaras junto a una cómoda parrilla grande con mesada propia y un original hueco para la basura, donde un pulpo-sol sobre un tacho “ad-hoc”se come todas las sobras . Otra, enorme y circular, ideal para fiestas concurridas, rodea un árbol antiguo. Otra vez, todos los asientos son de material.
Fresca , exótica , juvenil, sorprendente , la casa de Páez Vilaró despliega la capacidad lúdica de su dueño, quien demostró con ella que la casa soñada se puede convertir en algo real con sólo animarse a lograrlo.

SU CREADOR
¿Cómo nació un estilo tan artesanal , práctico y original?
Definir la génesis de esta casa es tan difícil como definir la trayectoria de su autor. Tal vez todo comenzó cuando de chico veía a su madre bordando almohadones y tejiendo tapices con diseños exclusivos. Siendo mayor, Carlos probó suerte en Buenos Aires como tipógrafo en compañías financieras de Avellaneda. Luego trabajó poniendo cabecitas de fósforos en la Compañía Fosforera. Al mismo tiempo, hacía dibujos con escenas de los cabarets del bajo de Buenos Aires En 1945 volvió a Montevideo y con su hermano y dos amigos - Martínez Arbolella y García Tell – creó un noticioso cinematográfico llamado “Uruguay al día”, donde fue cineasta . Cuando el local se incendió, con él se quemó toda su obra . “ Quedé deshabitado de mis creaciones iniciales y tuve que empezar de nuevo”, comenta. Esto definió su destino : se dedicó a lo que más le interesaba , que era el arte del candombe “que para muchos eran un montón de negros haciendo barullo, mientras que para mí era la esencia misma de la africanidad” . Aprendió a tocar el tamboril y escribió letras para murgas y comparsas negras lubolas , llegando a tener 300 títulos registrados en la Sociedad de Autores, “que puedo cantar uno por uno “.
“Yo me sentía parte de esa cultura africana de esclavos , y los candombes fueron mi iniciación a la pintura. Después de crear la música y las letras me atreví a hacer dibujos diseñando la vestimenta a las comparsas negras tratando de que se mantuvieran dentro del folklore.Un americano me compró uno de esos cartones en un boliche donde yo dibujaba. Con ese dinero se compró la pelota de fútbol de un club de barrio que se llamaba Yacumenza porque yo pintaba en un a pieza de un conventillo donde tenía como vecina a una negra brasileña que cuando comenzaban a sonar los tamboriles decía “ ¡Ya cumenza el ruido!”.Cuando otros me empezaron a comprar esos dibujos, me entusiasmé tanto que en el ´50 hice mi primer exposición” .
Esta obsesión por la negritud uruguaya lo lanzó a realizar viajes por el Africa , donde vivió tres meses con Albert Schweizer en su leprosario de Lambarere. “ Schweizer había sido el intérprete de órgano más aclamado de Europa. Largó todo y se fue a curar leprosos al Africa . Eso me pareció tan genial que quise conocerlo. Y no paré hasta vivir tres meses con él en 1962” . Luego viajó por Indonesia y Polinesia canjeando cama y comida por murales y pareos pintados a mano. Compartió el atelier con Pablo Picasso – de quien es ferviente admirador – e impresiones con el Che Guevara , y se metió a hacer quijotadas como el proyecto para una aldea de artistas en Cosquín , la presentación de 80 negros murguistas en el festival folklórico de esta ciudad, una casa en San Pablo, un club de pesca en Punta del Este un proyecto de hotel en Iguazú y una sala de cultura en su casa del Tigre.
El crítico Rafael Squirru comparó su casa del Tigre con las obras de Le Corbusier. Este hombre romántico que tiene a la mujer como tema central de su obra aprendió de Picasso que no hay mujeres feas y que la mujer es la maravilla esencial . Tal vez por eso estuvo casado tres veces, con Madelón , Verónica y Annette. Madelón es la madre de sus tres hijos mayores, Carlos Miguel 47( el sobreviviente de los Andes) y Abó,46( pintora) y Beba . La alemana Annette es la madre de sus tres hijos menores, Sebastián , Florencio y Alejandro.
Reconoce en su esposa y sus hijos pequeños el motor perpetuo de su obra .
“Estar con él es agotador”, confirma el arquitecto Porta .” Nunca para de crear cosas , nunca se cansa. Hace 50 años que va a ver todas las llamadas de los Carnavales en Montevideo. Sólo faltó una vez porque estaba operado. Tiene 76 años y parece un pibe. Está tan cómodo hablando con príncipes europeos como con murguistas negros. Encima, ahora está feliz porque parece que en los análisis de sangre le detectaron un gen negro. Me dijo “ ¡ Al fin lo logré!”.
Con su estilo florido y peculiar , Páez Vilaró nos cuenta su propia historia:
- ¿ Cómo empezó a hacer su Casapueblo de Punta del Este?
- En 1958 hice una casa en Punta Ballena que se llamó La Casilla de Lata. Con la ayuda de amigos fui construyendo la primer casa de material que se llamó La Pionera . El poeta argentino Fernando de María me sugirió para la obra posterior el nombre de Casapueblo al decirme “ esto es como un pueblo que se mueve en una casa o como una casa que se prolonga en un pueblo”.
- ¿Qué significa ese sitio para usted, después de tantas recorridas por el mundo?
- Yo seleccioné muy bien mis destinos en cada viaje . Descarté lo moderno y busqué siempre lo primitivo. Levanté talleres en cada lugar que estuve. Pero desde que tuve mi lugar, ese es mi refugio, donde tengo mi atelier y mis pinturas no salen de ahí.
- ¿Cómo surgió la idea de hacer una Casapueblo en el Tigre?
- Con Annete , mi mujer, en uno de nuestros paseos habituales por la hermosa región ribereña , descubrimos hace unos quince años lo que era un predio abandonado, decorado por un jardín enmarañado y descuidado, enriquecido por la misteriosa presencia de una antigua casa de madera abandonada. Nos impresionó de tal manera la poesía que envolvía aquella imagen, que de inmediato nos sentimos trasladados al Tigre de antaño, cuando era el lugar preferido de la aristocracia bonaerense. Desde la vereda, espiando por los huecos libres entre troncos y hojas de la tupida enredadera , podíamos divisar la riqueza de especies que ocupaban los canteros , donde sobresalían magnolias, almendros, hortensias y malvones. Si dirigíamos nuestros ojos hacia lo alto, nos impresionaba la altura de las araucarias centenarias , las enormes palmeras y casuarinas quizás plantadas en el nacimiento del siglo. Ese maravilloso hallazgo nos fijó el compromiso de hacer lo imposible por adquirir el terreno , devolverle la vida y sacarlo de su aletargamiento. Nuestra paciente espera de encontrar a sus propietarios dio sus frutos, y en pocos meses pudimos orquestar la fórmula para adquirir la esquina. Fuimos felices al penetrar , con la escritura firmada, ese universo donde reinaban la fuerza de la vegetación y los pájaros. Tuvimos que restaurar la casa de antiguo estilo caribeño y al mismo tiempo construir la vivienda moderna para la familia, sin que ambos estilos entraran en conflicto.
- ¿ Por qué llamó “Bengala” a la casa nueva ?
- - La bauticé pensando en los tigres de la India, y la hice crecer con la idea de que fuera mi taller de pintor y un centro cultural para la zona al mismo tiempo.
- ¿ Y lo logró?
- - Así funcionó durante varios años . En ella hice exposiciones con mis pinturas , se presentaron libros , se realizaron proyecciones, funcionó una escuelita de arte y se realizaron conciertos. Pero dolorosamente la idea no tuvo el eco que yo esperaba . La mayor satisfacción fue que numerosos colegios de todo el `país visitaran mi atelier y asistieran a la proyección de audiovisuales.
- Siendo tan cercana al río ...¿ La casa no sufrió inundaciones?
- Durante toda nuestra estadía , solamente dos veces tuvimos la experiencia de sufrir inundaciones fuertes. Pero por tratarse de un terreno de altura, los perjuicios fueron menores. Es increíble, pero a la línea de construcción de la casa vieja, que data de 1890, nunca le llega el agua . Y a la nueva, que sigue ese nivel, tampoco.
- ¿Cómo fue creciendo la construcción?
- Desde 1984 creció con adiciones permanentes según las necesidades de cada momento de la vida . Y cuidé que fuera cómoda : cada cuarto tiene su baño. La casa está llena de hallazgos encontrados, buscados y comprados en remates y otros sitios, que fueron incorporándose al proyecto.
- ¿Fue feliz en este lugar?
- Es un sitio realmente mágico donde pasamos años de gran felicidad, rodeados por el afecto de un vecindario ejemplar y solidario. La serenidad de este predio hace que sea una isla absolutamente independiente, liberada de ruidos pero musicalizada por los cantos permanentes de los pájaros.
- ¿Cómo se animó a construir todo esto sin ser arquitecto?
- Lo hice del mismo modo que hice Casapueblo en Uruguay, con la técnica del hornero que va horadando y modelando de acuerdo a lo que precisa.Fui el creador de la obra, aunque esta vez con el respaldo técnico de mi gran amigo el arquitecto Gustavo Porta, que me asistió cariñosamente toda vez que tuve que enfrentar el laberíntico problemas de los cálculos y de que existiera una base firme y una estructura fuerte para armar las paredes .
- Usted ya no vive en esta casa ...¿qué planes tiene para ella?
- La casa está hoy liberada a las ideas. Estamos radicados definitivamente en las costas Este del Uruguay, y la casa quedó al cuidado de los caseros, pero a la espera de que alguien sensible la tome para desarrollar con ella un nuevo proyecto, tanto turístico, cultural o bien para vivir en familia, ya que existen pocos lugares que ofrezcan la calidad de vida de Bengala.
- ¿ No le duele deshacerse de una creación como esta?
- Es doloroso tener que ofrecerla en venta , ya que en ella edifiqué también mi nueva familia y nacieron y crecieron mis tres hijos argentinos. Pero ya estamos instalados en Uruguay.
- ¿Puede definir a su casa del Tigre con dos palabras?
La modelé con mis propias manos. Así que, lo mismo que con mi Casapueblo de Uruguay, en dos palabras puedo decir que es una escultura habitable.

2 comentarios:

msierra usbctgeduco dijo...

La obra de Vilaró demuestra que ha existido, existe y existirá arquitectura sin arquitectos.Mejor o peor? Juzguen los usuarios quienes son los que la viven...

msierra usbctgeduco dijo...

Los resultados de la obra de Vilaró demuestran que es posible una arquitectura privada sin arquitectos. El problema surge cuando intentamos hacer lo mismo en el colectivo, para una comunidad de al menos 40 familias. Por otra parte, se confirma que a la comunidad que autoconstruye le serviria mas un estudio basico en las artes y en filosofia y letras y que los gobiernos simplemente ayuden con recursos y dejen que autoconstruyan. La gente no puede ser más o menos que un arquitecto, pero si puede hacer verdadera arquitectura.